Si la revolución está en las manos de alguien, ya no es revolución.Y si este amor está sólo en sus manos, ya no lo es tampoco.
El pacifista camina, mira, y sigue caminando. Entre los árboles del follaje miles de ancianos protestan. El pacifista no tiene escrúpulos, se ríe sin vergüenza alguna de los otros, pero no sabe que todos se ríen de su inmadurez. No hay revolución que lo llame; no hay armas que lo apunten porque no hay crímenes que lo delaten. Nada existe para él y su maldita paz. La ciudad abre fuego y él sigue caminando, se ríe del fuego y le escupe, pero eso no es su protesta, es sólo su lacónica y enfermiza forma de ser.
El Pacifista es una lacra de esta ciudad. Parásitos de la vida verde, de esos metralladores y lacrimógenos hombre que se llevaron al dios de su hogar. Parasita en las alcantarillas, roba los tobillos de los hombres hermosos, roba también sus almas. Zancadilla a los revoltosos; apuntes a los feos. No es un gallo negro porque ni siquiera tiene color.
Hoy estamos hablando desde la revolución, desde su falta de fe.
Hoy estamos gritando que la educación se desvanece; y él desde la otra esquina no puede creer tal sacrilegio.
Hoy estamos en arenga por una salud para todos; pero él no ha salido de su casa.
Hoy estamos festejando multicolor nuestro destape sexual; mas él, es él.
Pacifista de las mil putas, me cago en tus miedos y en tu podredumbre. En tu olor a dolor y tu mirada atrevida. ¿Qué haces mirándome así? Puto conchetumare, dejo el poema para escupirte los testículos, para olerte las carnes desgastas. Para reírme de tu mesurado discurso mamón; de ese discurso estereotipo que te enseñaron los viejos que cagaron esta patria. Dejo la poesía para ser yo, para tirar una piedra contra tus ojos de vidrios, para romper alguna vez esa coraza que guarda tu tenebroso amor...
Llega el día D.
Un maldito hombre de verde dispara contra nuestro dios, nuestro nuevo dios. Lo viste por la televisión y no te inmutaste. Murió Mufasa, murió Salvador, murió también Augusto. Muere el Zafrada, muere el autor. Mueren los grandes y mueren los chicos. Muere Quilis, Muere Bobary. Muere Bob Marley y alguien mató a Márilin Núñez. Muere Felipe Cardeli y muere Jota Erre, murió más allá de Melipilla. Muere Meili, por su puesto.
Llega el día D,
y muere por fin esa mano que nunca me diste. Muere en mis muñecas el amor, muere entre mis mentiras tu arrogancia.
Muere con este puto documento de Word, el amor que te tuve ayer.
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